sábado, 27 de agosto de 2011

¿QUIÉN CREE A RUBALCABA?


PERIODICO ABC de 26 de agosto de 2011

TERESA JIMÉNEZ BECERRIL

¿QUIÉN CREE A RUBALCABA? 
TRIBUNA ABIERTA

CUANDO este hombre que ha sido tanto puede presumir
de tan poco quiere decir que no vale para otra cosa que para perpetuarse en el poder. La retahíla de sus fracasos es larga y conocida, pero, visto que insiste en recordarnos sus éxitos en la lucha contra el terrorismo, no puedo dejar de citar el chivatazo a ETA en el bar «Faisán». Si yo hubiera sido ministro y me cogen con las manos en la masa,
aun que quienes amasaban eran los que estaban a mis órdenes, habría dimitido por no poder mantener una mirada de frente a una víctima de ETA. Este señor no solo no ha dimitido, sino que se jacta de ser el que más y mejor ha luchado contra la banda; y
hace una entrada triunfal diciéndonos que ésta va a ser la primera campaña sin ETA. ¿Cómo? ¿Sin ETA? O yo no me he enterado o los etarras le han entregado las armas a Rubalcaba en su casa, en privado. A ver si nos aclaramos, porque lo que sabemos
los españoles a día de hoy es que ETA sigue armada y mejor colocada políticamente que hace años, cuando aún no había llegado Zapatero y los terroristas y sus cómplices eran asesinos y no alcaldes. Ya sabemos que el eterno ministro, hoy candidato a presidente del Gobierno, tiene problemas para distinguir la verdad; yo diría que no
solo no la busca, sino que huye de ella. ¿Pero usted nos está tomando el pelo? Existen fotos, vídeos, declaraciones. Ahí están las palabras de los bilduetarras que mandan en San Sebastián y en tantos municipios, donde no pierden ocasión parahomenajear a los presos de la banda, abrazara sus familiares y humillar a sus víctimas. Pregunte usted a los concejales del PP y a quienes defienden la Constitución, la bandera de España y al Rey, en los pueblos gobernados por Bildu, si ETA estará o no presente en las elecciones. ETA siempre ha hecho política en España, con o sin pistolas; la diferencia es que hoy la hace con su beneplácito y con el de Zapatero, y decir lo contrario es
faltar a la verdad. Deje por tanto de presentarse como el que ha acabado con ETA, porque usted, con la ayuda de jueces afines, con lo único que ha acabado es con la poca dignidad que nos quedaba admitiendo que individuos impresentables como los que
gobiernan San Sebastián nos humillen a diario. Eso es lo que los personas como usted y quienes le siguen han conseguido, no la derrota de ETA, sino un pacto del diablo con los asesinos que al final no le va a dar a su partido la juventud eterna del poder. Han
pactado y lo seguirán haciendo mientras puedan, y esa infamia nos la vende como un triunfo. «Por primera vez no nos matarán en esta campaña», dice usted, orgulloso de sus
«logros». Yo voy a hablar en la calle y voy a convencer a la gente de que no hay que votar a personas como usted porque, quizá me equivoque, prefiero correr el riesgo de perder mi vida por defender mi libertad y mi dignidad que entregar a unos asesinos y a su chusma que nos gobierna en demasiados sitios del País Vasco mis derechos
más sagrados solo para que me perdonen la vida. Usted mejor que nadie sabe que los derrotados son los españoles, que se sienten impotentes ante el espectáculo triste e injusto de ver a los terroristas recogiendo hoy los frutos de sus crímenes. Y déjense
de decir más frases dobles como la de Patxi López: «Lamento la actitud de Bildu, no su legalidad». Yo, señor López, de Bildu lo lamento todo. Si van a hablar de ETA en campaña, intenten explicar mejor a los ciudadanos por qué han permitido que Bildu gobierne, por qué esperan que Sortu lo haga y por qué tienen intención de reducir las condenas y excarcelar a los presos. Contésteme, por favor, señor Rubalcaba ¿Qué le debemos a ETA? ¿Por qué llevan ustedes años complaciendo a quienes han poblado
nuestro país de huérfanos, viudas y padres y madres desconsolados? Se les pudo derrotar, y lo tocamos con la punta de los dedos. Pero moralmente
ni usted ni quien aún es nuestro presidente están capacitados para la verdadera derrota de ETA. Esperemos que llegue el día en que quienes nos gobiernen dejen de
considerarnos un pueblo de cobardes y acomodados. Cuando recuperemos el honor y el valor perdidos, cuando los terroristas cumplan íntegramente sus condenas, cuando sus cómplices salgan de donde nunca debieron entrar, cuando entreguen esas armas
que este Gobierno no parece interesado en recoger, cuando las víctimas no sean equiparadas a sus agresores, quizás entonces podamos decir que hemos acabado con ETA. Y aún así no estaríamos del todo tranquilos, porque lo más importante es acabar
con ese odio que tanto nos ha hecho sufrir. Y ese horizonte de una nueva educación de solidaridad y respeto entre los españoles se ve lejano. Si yo fuera usted, la próxima vez que hable del fin de ETA, reflexione. Es mi humilde consejo a un político muy experimentado.

TERESA JIMÉNEZ BECERRIL
ES EURODIPUTADA
DEL GRUPO POPULAR

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